Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Silvia, entretanto, hizo bajar corriendo a Bruno de su montura, y apenas tuvo tiempo de volver a su majestad completamente visible antes de que los anteojos regresaran a su sitio.
Ahora todo era normal, pero la buena mujer todavía parecía un tanto intranquila al respecto.
—Mi vista va cada vez peor —dijo—, ¡pero ahora sí que os veo, preciosos! Me daréis un besito, ¿a que sí?
Bruno se refugió detrás de mí al instante; Silvia, sin embargo, levantó el rostro para recibir un beso, en representación de ambos, y todos entramos juntos en la casa.