Silvia y Bruno

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Capítulo 5

Matilda Jane

—Ven conmigo, caballerete —dijo nuestra anfitriona, subiendo a Bruno a su regazo—, y cuéntamelo todo.

—No puedo —contestó Bruno—. No habdía tiempo. Además, no lo sé todo.

La buena mujer puso cara de cierta estupefacción y se volvió hacia Silvia en busca de ayuda.

—¿Le gusta montar? —preguntó.

—Sí, me parece que sí —respondió Silvia con suavidad—. Acaba de montar a Nerón.

—Ah, Nerón es un perro magnífico, ¿no es cierto? ¿Alguna vez probaste un caballo, hombrecito?

—¡Nunca! —negó Bruno con gran decisión—. Los caballos no son para comed. ¿Usted se los come?

En aquel momento creí conveniente intervenir y mencionar el asunto que nos había traído allí, de modo que la liberé, durante unos minutos, de las desconcertantes preguntas de Bruno.

—¡Y estos queridos niños querrán un trozo de bizcocho, se lo aseguro! —comentó la hospitalaria mujer del granjero, una vez concluido el trabajo, mientras abría su armario y sacaba un bizcocho—. ¡Y no dejes la corteza, caballerete! —agregó, a la vez que le pasaba una buena porción a Bruno—. ¿Sabes lo que dice el libro de poemas acerca de desperdiciar cosas adrede?

—No —dijo Bruno—. ¿El qué?


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