Silvia y Bruno
Silvia y Bruno La mujer de Willie
Se dirigió a la puerta de la taberna, pero los niños lo interceptaron. Silvia se le colgó de un brazo, al tiempo que Bruno, en el lado opuesto, lo empujaba con todas sus fuerzas, y muchos gritos inarticulados de «¡Arre! ¡Ria! ¡So!» que habÃa oÃdo a los cocheros de carruajes.
«Willie» no se apercibió en lo más mÃnimo de su presencia; era consciente únicamente de que «algo» lo habÃa detenido; y, a falta de cualquier otro modo de explicárselo, pareció considerarlo un acto voluntario.
—No voy a entrá —dijo—; hoy no.
—¡Una jarra cerveza no t’hará daño! —le gritaron a coro sus amigos—. ¡Ni dos jarras! ¡Ni una docena!
—No —se plantó Willie—. Me voy pa casa.
—¿Qué? ¿Sin bebé na, Willie, compadre? —vocearon los demás. Pero el «compadre» no estaba por la labor de discutir y se dio media vuelta porfiado, mientras los niños lo flanqueaban para protegerlo de cualquier cambio en su súbita resolución.
