Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Mein Herr
De modo que emprendà mi solitario camino y, al llegar al Hall, encontré a lady Muriel esperándome en la cancela del jardÃn.
—No hace falta que le transmita felicidad, ni que se la desee, ¿verdad? —fue lo primero que dije.
—¡En absoluto! —contestó ella, riendo alegremente como una niña—. Damos a las personas lo que no tienen; deseamos lo que está aún por venir. ¡Para mÃ, todo está aquÃ! ¡Es todo mÃo! Querido amigo —se interrumpió de improviso—; ¿cree que el Cielo da comienzo en la tierra, para alguno de nosotros?
—Para algunos —opiné—. Para algunas personas, tal vez, sencillas e inocentes como niños. Sabe que él dijo: «de ellos es el Reino de los Cielos».
Lady Muriel entrelazó sus manos y levantó la vista al cielo despejado con una expresión que habÃa visto muchas veces en los ojos de Silvia.