Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Mein Herr se giró al momento, para mirar al nuevo interlocutor. Después se quitó los anteojos, los limpió y me volvió a mirar, con evidente perplejidad. Pude ver que estaba pensando, de hecho, al igual que yo, que debíamos de habernos visto antes.
—Utilizan la fuerza de la gravedad —dijo—. Es una fuerza que también se conoce en su país, ¿me equivoco?
—Pero para eso haría falta una vía que bajara en pendiente —señaló el earl—. No se pueden tener todas las vías de tren cuesta abajo, ¿cierto?
—Son todas así —reveló Mein Herr.
—Pero no por ambos extremos.
—Por ambos extremos.
—¡Entonces me doy por vencido! —exclamó el earl.
—¿Puede explicar el proceso? —pidió lady Muriel—. ¿Sin usar esa lengua que soy incapaz de hablar con fluidez?
—No hay problema —contestó Mein Herr—. Cada vía ferroviaría se halla en un largo túnel, perfectamente recto; de modo que, como es lógico, el punto medio del mismo está más próximo al centro del planeta que los dos extremos; con lo cual todos los trenes recorren la mitad del camino cuesta abajo, y eso les proporciona impulso suficiente para recorrer la otra mitad cuesta arriba.