Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Cuando eso le sucede a… a la gente que visité, nunca actúan asÃ. Mediante un breve y sencillo proceso, que no puedo explicarle, guardan las horas inútiles y, en alguna otra ocasión, cuando por un casual necesitan tiempo adicional, lo vuelven a sacar.
El earl escuchaba con una sonrisa ligeramente incrédula.
—¿Por qué no puede explicar el proceso? —inquirió.
Mein Herr tenÃa preparada una razón a prueba totalmente de réplicas.
—Porque no tienen palabras, en su lengua, para trasmitir las ideas necesarias. PodrÃa explicárselo en… en… ¡pero no lo entenderÃa!
—¡Claro que no! —dijo lady Muriel, dispensando generosamente a Mein Herr de tener que dar el nombre del idioma desconocido—. Yo nunca lo he aprendido… al menos, no para hablar con fluidez, ya sabe. Por favor, ¡cuéntenos más cosas maravillosas!
—Conducen sus trenes sin motores de ningún tipo: lo único que se necesita es maquinaria para detenerlos. ¿Le parece eso suficientemente maravilloso, milady?
—¿Pero de dónde extraen su fuerza motriz? —me atrevà a preguntar.