Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Es la última —dijo el anciano—. Debo de haberle cansado con mi largo relato. Cada college[*] querÃa para sà a los muchachos inteligentes; de manera que adoptamos un sistema que habÃamos oÃdo que resultaba muy popular en Inglaterra: los colleges competÃan entre sà por los jóvenes, ¡que se subastaban al mejor postor! ¡Qué idiotas éramos! De un modo u otro, estaban obligados a venir a la universidad. ¡No hacÃa falta que les pagáramos! ¡Y todo nuestro dinero se iba en conseguir que los más listos fueran a un college en vez de a otro! La competencia era tan fuerte que al final los simples pagos monetarios no bastaron. Cualquier college que quisiera conseguir a algún joven especialmente brillante tenÃa que abordarlo en la estación y perseguirlo por las calles. El primero que lo alcanzase tenÃa derecho a llevárselo.
—Esa persecución de los estudiantes cuando llegaban debÃa de ser algo curioso —comenté—. ¿PodrÃa darme alguna idea de cómo era?