Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Hacen sus cálculos correspondientes. Cuando un hombre parece estar volviéndose ignorante, o estúpido, de un modo alarmante, algunas veces se niegan a seguir sirviéndole. ¡No tiene usted ni idea de con qué entusiasmo comienza a refrescar un hombre los conocimientos de ciencias o idiomas que habÃa olvidado cuando su carnicero le ha cortado el suministro de ternera y carnero!
—¿Y quiénes hacen de examinadores?
—Los jóvenes que acaban de llegar, rebosantes de saber. Le resultarÃa curioso —prosiguió— ver a unos simples muchachos examinando a tales ancianos. Conocà a un hombre al que pusieron a examinar a su propio abuelo. Fue un poco doloroso para ambos, sin duda. El añoso caballero estaba calvo como una bola de billar…
—¿Cuán calvo serÃa eso? —No tenÃa ni idea de por qué habÃa hecho esa pregunta. Me dio la sensación de que se me estaba reblandeciendo el cerebro.