Silvia y Bruno
Silvia y Bruno El picnic de Bruno
—Pues tan calvo como un calvo —fue la desconcertante respuesta—. Ahora, Bruno, voy a contarte una historia.
—Y yo le voy a contad otda a usted —dijo Bruno, que inició su relato a toda prisa por miedo a que Silvia se le adelantara—: HabÃa una vez un datón… un datón muy pequeño… ¡un datón muy diminutÃsimo! ¡Jamás se vio datón tan enano!…
—¿Y nunca le pasó nada, Bruno? —pregunté yo—. ¿No tienes ninguna otra cosa que contarnos de él, aparte de que era tan diminuto?
—Nunca le sucedió nada —repuso Bruno con solemnidad.
—¿Y por qué? —planteó Silvia, la cual estaba sentada con la cabeza sobre el hombro de su hermano, esperando pacientemente una oportunidad para comenzar su propia historia.
—Podque era demasiado diminuto —explicó Bruno.
—¡Esa no es excusa! —dije—. Por minúsculo que fuese, le podrÃa haber pasado alguna cosa.
Bruno me dirigió una mirada compasiva, como si considerase que yo era muy estúpido.
—Era demasiado diminuto —repitió—. Si le pasara algo, morirÃa… ¡era de lo más diminutÃsimo!