Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Dadme miedo! —exclamó Bruno con indignación—. ¡No es eso! Es podque «moddisquead» es una palabda que detumba mucho cuando se tiene la cabeza apoyada en el hombdo de otda pedsona. Cuando ella habla asà —manifestó hacia m×, su voz me baja podios dos lados de la cara, hasta la badbilla, ¡y hace unas cosquillas! ¡Tantas como para que me cdezca badba, seguro!
Bruno dijo esto último con gesto muy serio, pero se trataba obviamente de una broma; asà que Silvia se rio —de una manera suave, deliciosa y musical— y reclinó su tersa mejilla sobre la cabeza de rizados cabellos de su hermano, como si fuese una almohada, mientras proseguÃa con su relato.
—Entonces, el niño…
—¡Pero no era yo, ya sabe! —la cortó Bruno—. ¡Y no tiene pod qué haced como si lo fuese, hombde señod!
Yo declaré, respetuosamente, que no estaba intentando dar esa impresión.
—… era un niño bastante bueno…
—¡Era un niño muy buenÃsimo! —la corrigió Bruno—. ¡Y nunca hacÃa nada que no le dicieran!
—¡Eso no le hace a uno bueno! —señaló Silvia de manera despectiva.
—¡Claro que sÃ! —insistió su hermano.
Silvia se dio por vencida.