Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Que no hace falta ni hedvidla —sugirió Bruno, como corrección.
—Asà que Bruno puso la leche en una botella, y luego dijo: «¡Ahora quiero algo de pan!». De modo que fue al horno y sacó de él una deliciosa hogaza recién hecha. Y el horno…
—¡… sumamente ligera y esponjósima! —la corrigió Bruno de forma impaciente—. ¡No deberÃas saltadte tantas palabdas!
Silvia pidió disculpas con humildad.
—… una deliciosa hogaza recién hecha, sumamente ligera y esponjosa. Y el horno dijo… —Silvia hizo entonces una larga pausa—. ¡La verdad es que no sé con qué empieza un horno cuando quiere hablar!
Los dos niños me miraron con gesto suplicante, pero lo único que pude decir, irremediablemente, fue:
—¡No tengo la menor idea! ¡Jamás he oÃdo hablar a un horno!
Permanecimos todos callados durante unos segundos, y después Bruno dijo, en voz muy baja:
—Hodno empieza con «Ho».