Silvia y Bruno

Silvia y Bruno

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—«No hace falta ni siquiera asarlas para nada en absoluto». De forma que Bruno metió las manzanas en la cesta, junto con el pan y la botella de leche. Y fue a celebrar su picnic, en lo alto de la colina, totalmente solo…

—No era un glotón, sabe usted, pod celebdad el picnic totalmente solo —quiso aclarar Bruno, tocándome el moflete para llamar mi atención—. Lo que pasa es que no tenía hedmanos ni hedmanas.

—Resulta muy triste que no tuviera hermanas, ¿no? —observé.

—Bueno, no sé —contestó Bruno con expresión pensativa—; así no tenía que haced leciones. De modo que no le impodtaba.

Silvia continuó:

—Así que, mientras andaba por el camino, oyó a su espalda un tipo curioso de ruido: una especie de ¡tum, tum, tum! «¿Qué es eso?», dijo Bruno. «¡Oh, ya lo sé!», agregó. «¡Son sólo las manillas de mi reloj!».

—¿Eran las manillas de su reloj? —me preguntó Bruno, con ojos que centelleaban de travieso placer.

—¡No cabe duda! —respondí. Y Bruno se carcajeó, exultante.

—Entonces Bruno lo pensó con más detenimiento. Y dijo: «¡No!, no pueden ser las manillas de mi reloj ¡porque no tengo ninguno!».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker