Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Yo repuse que no cabÃa duda de que aquella era la verdadera prueba para saber si alguien tenÃa miedo o no.
—Y el león dijo: «Oh, me alimento de pan con mantequilla, cerezas, mermelada, bizcocho con pasas…».
—¡… y manzanas! —interpuso Bruno.
—SÃ, «y manzanas». Bruno dijo: «¿Quiere venir conmigo a mi picnic?». Y el león contestó: «¡Oh, irÃa encantadÃsimo!». De modo que Bruno y el león se fueron juntos. —Silvia calló repentinamente.
—¿Eso es todo? —pregunté yo, abatido.
—Todo no —repuso Silvia de forma picara—. Hay una o dos frases más. ¿Verdad, Bruno?
—Sà —dijo este con una despreocupación claramente fingida—; sólo una o dos fdases más.
—Luego, durante su camino en mutua compañÃa, miraron por encima de un seto, ¡y qué fue lo que vieron sino un corderito negro! Y el cordero tenÃa muchÃsimo miedo. Y echó a correr…
—¡Estaba asustado de veddad! —intervino Bruno.
—Echó a correr. Y Bruno salió corriendo detrás de él, diciendo a voces: «¡Corderito! ¡No debes tenerle miedo a este león! ¡Nunca mata a nadie! Se alimenta de cerezas y mermelada…».
—¡… y manzanas! —añadió Bruno—. ¡Siempde te olvidas de las manzanas!