Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Y Bruno dijo: «¿No quieres acompañarnos a mi picnic?». El cordero respondió: «¡Oh, me encantarÃa, si mi mamá me deja!». Y Bruno contestó: «¡Vayamos a preguntarle a tu mamá!». De modo que fueron a ver a la vieja oveja. Bruno le dijo: «Por favor, ¿puede venir su corderito a mi picnic?». Y la oveja contestó: «SÃ, si ya ha estudiado todas sus lecciones». A lo que el cordero contestó: «¡Oh, sÃ, mamá! ¡Ya me las he estudiado!».
—¡Haz como que no tenÃa leciones! —rogó Bruno con vehemencia.
—¡Oh, de eso ni hablar! —se negó Silvia—. ¡No puedo quitar de la historia todo lo relativo a las lecciones! De modo que la vieja oveja preguntó: «¿Te sabes ya el abecé? ¿Te has aprendido la A?». Y el cordero respondió: «¡Oh, sÃ, mamá! ¡Fui A la campiña, y A-llà A-yudé A A-rar!». «¡Muy bien, mi niño! ¿Y has aprendido la B?». «¡Oh, sÃ, mamá! ¡Fui a B-r si el B-B tenÃa un B-rinche!» «¡Estupendo, hijito mÃo! ¿Y has aprendido la C?» «¡Oh, sÃ, mamá! ¡Me a-C-rqué a C-rar la C-rca de los C-rdos!» «¡Muy bien, cariñito! Puedes ir al picnic de Bruno».
»Asà que se pusieron en marcha, con Bruno en el centro, para que el cordero no viera al león.
—TenÃa miedo —explicó Bruno.