Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Oh, Bruno —exclamó Silvia—, soy yo la que está contando la historia! Asà que abrió la tapa, ¡y hete aquà que no habÃa manzanas! Por lo que Bruno dijo: «Zorrito mayor, ¿te has comido tú las manzanas?». Y el zorrito mayor respondió: «¡No, no, no!». —Resulta imposible describir el tono con el que Silvia repitió este veloz y conciso «¡no, no, no!». Alcanzo como mucho a decir que fue como si un patito excitado hubiese tratado de emitir las palabras: demasiado rápido para ser un graznido de pato y, sin embargo, demasiado áspero para tratarse de ninguna otra cosa—. Bruno dijo entonces: «Zorrito mediano, ¿te has comido tú las manzanas?». Y el zorrito mediano contestó: «¡No, no, no!». Luego Bruno dijo: «Zorrito menor, ¿te has comido tú las manzanas?». Y el zorrito menor intentó articular: «¡No, no, no!», pero tenÃa la boca tan llena que le fue imposible, y sólo pudo decir: «¡Uac, uac, uac!»; Bruno miró entonces en el interior de su boca, ¡y estaba repleta de manzanas! El muchacho meneó la cabeza, y dijo: «¡Oh, dios mÃo! ¡Qué malos que son estos zorros!».
Bruno estaba escuchando con mucha atención y, al callar Silvia un momento para tomar aire, lo único que logró decir, con voz entrecortada, fue:
—¿Y qué hay del pan?