Silvia y Bruno
Silvia y Bruno »Y cuando Bruno abrió nuevamente la cesta, ¿qué os imagináis que vio? —“¡Sólo dos zoros!”, corrió a gritar Bruno—. No deberías revelarlo tan rápido. En cualquier caso, eso fue lo que vio. Y dijo: “Zorrito mayor, ¿te has comido tú al zorrito menor?”. Y el zorrito mayor contestó: “¡No, no, no!”. “Zorrito mediano, ¿te has comido tú al zorrito menor?”. Y el zorrito mediano trató por todos los medios de responder: “¡No, no, no!”, pero sólo consiguió decir: “¡Uac, uac, uac!”. Y al mirar Bruno dentro de su boca, vio que una mitad estaba llena de pan, ¡y la otra de zorro! —Bruno no dijo nada esta vez en la nueva pausa que se produjo. Estaba empezando a respirar de manera jadeante, pues sabía que la crisis se acercaba.
»Y cuando casi había llegado a casa, miró una vez más en la cesta, y vio…
—Solamente… —empezó a decir Bruno, pero lo asaltó un pensamiento generoso, y me miró—. ¡Puede decidlo usted si quiere, hombde señod! —susurró. Era un noble ofrecimiento, pero no le iba a arrebatar ese placer:

—Hazlo tú, Bruno —repuse—; a ti te sale muchísimo mejor.
—¡Solamente… un… zoro! —dijo Bruno con gran solemnidad.