Silvia y Bruno

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Capítulo 22

El banquete

«La pesadumbre puede durar la noche entera, pero con el alba llega la alegría». El día siguiente me encontró totalmente cambiado. Incluso los recuerdos de mi amigo y compañero perdido eran radiantes como el agradable tiempo que sonreía a mi alrededor. No me atreví a importunar a lady Muriel, o a su padre, con otra visita tan pronto y, en vez de ello, fui a dar un paseo por el campo, y sólo emprendí la vuelta a casa cuando los bajos rayos del sol me avisaron de que el día no tardaría en llegar a su fin.

De camino al hogar, pasé por delante de la casita donde residía el anciano cuyo rostro siempre me recordaba el día en que conocí a lady Muriel y, al hacerlo, eché una ojeada al interior de la parcela, sintiendo cierta curiosidad por ver si seguía viviendo allí.

Sí: el anciano todavía vivía. Estaba sentado en el porche, con el mismo aspecto que tenía cuando lo vi por primera vez en la estación de Fayfield… ¡parecía que había sido sólo unos pocos días antes!

—¡Buenas noches! —saludé, deteniéndome.

—¡Nas noches, señó! —me devolvió el saludo, de manera jovial—. ¿No quie pasá?

Así lo hice, y tomé asiento en el banco del porche.


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