Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Vida desde la muerte
El golpeteo producido por aquellas patadas, o nudillos, crecÃa en intensidad por momentos, y finalmente una puerta se abrió a poca distancia de nosotros, en alguna parte.
—¿Ha dicho «¡adelante!», señor? —preguntó mi casera tÃmidamente.
—¡Oh, sÃ, adelante! —contesté—. ¿Qué sucede?
—El hijo del panadero acaba de traer una nota para usted, señor. Dijo que pasaba por el Hall cuando le pidieron que se acercara hasta aquà para dejarla.
La nota contenÃa únicamente cinco palabras: «Venga inmediatamente, por favor. Muriel».
Un súbito terror pareció helarme el mismo corazón. «¡El earl está enfermo! —me dije—. ¡Quizá esté muriéndose!». Y me preparé apresuradamente para salir de la casa.
—Espero que no fuesen malas noticias, señor —dijo mi casera, cuando me vio partir—. El chico dijo que tenÃan una visita inesperada…
—¡Espero que sea eso! —deseé en voz alta. Pero sentÃa más miedo que esperanza; no obstante, al acceder al Hall, me tranquilizó algo encontrar un equipaje en la entrada que portaba las iniciales «E. L.».
