Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Ella se detuvo un momento, antes de seguirlo, para observar los progresos del otro pasajero:
—¡Pobre anciano! —dijo—. ¡Qué débil y enfermo parece! Fue vergonzoso dejar que lo echaran de ese modo. Lo siento mucho… —Caà en la cuenta en ese momento de que aquellas palabras no iban dirigidas a mÃ, sino que ella estaba pensando en voz alta, sin darse cuenta. Me aparté unos pasos y esperé a que subiera al vagón, donde retomé la conversación.
—Shakespeare debió de viajar en tren, aunque fuera únicamente en sueños: «espÃritu turbado» es una frase realmente acertada.
—«Turbado» en referencia, sin duda —se reincorporó ella a la charla—, a los sensacionales libritos que suelen leerse principalmente en los trenes. El vapor, cuando menos, ¡ha servido para generar un tipo completamente nuevo de literatura inglesa!
—Sin duda —repetà yo—. El verdadero origen de todos nuestros libros de medicina… y de cocina…
—¡No, no! —interrumpió ella de manera jovial—. ¡No hablaba de nuestra literatura! Nosotros somos bastante atÃpicos. Pero las emocionantes novelitas románticas, en las que el asesinato aparece en la página quince, y la boda en la cuarenta, se deben con seguridad al vapor, ¿no le parece?