A mi madre
A mi madre la ronca voz de la tormenta trae?
Triste... vago... constante y dolorido,
cual fuego ardiente, en mis entrañas cae.
Cae, y ahuyenta de mi lecho el sueño...
¡Ah! ¿Cómo he de dormir...? locura fuera,
fuera locura y temerario empeño
que con gemidos tales me durmiera.
¡Ah! ¿Cómo he de dormir? ese lamento,
ese grito de angustia que percibo,
esa expresión de amargo sufrimiento
no pertenece al mundo en que yo vivo.
VI
Donde el ciprés erguido se levanta,
allá en lejana habitación sombría,
que al más osado de la tierra espanta,
sola duerme la dulce madre mía.
Más helado es su lecho que la nieve,
más negro y hondo que caverna oscura,
y el curo altivo que sus antros mueve,
sacia su furia en él, con saña dura.
¡Ah!, de dolientes sauces rodeada,
de húmeda yerba y ásperas ortigas;
¡cuál serás, madre, en tu dormir turbada,
por vagarosas sombras enemigas!
VII
¿Y yo tranquila, he de gozar en tanto
de blando sueño y lecho cariñoso,