El Primer loco
El Primer loco Aquella niña, que apenas contaría dieciséis años, tenía por sobrenombre Esmeralda, porque, a semejanza de la heroína de Víctor Hugo, era hermosa; y si bien no poseía la habilidad de enseñar a leer a una cabra el nombre de su amante llevaba al pasto un rebaño y vagaba con él por estos campos tan en consonancia con la belleza entre apasionada y dulce de la joven campesina. Huérfana de madre, su padre, tenido por hombre de durísimo carácter, casóse en segundas nupcias con una mujer parecida a él en las malas entrañas. Y como Esmeralda era dulce y tímida, fue bien pronto víctima de la codicia y mala voluntad de quienes la consideraban como un estorbo. Por esto, compadecido el cura de la desventurada niña, y al fin de que dejase de ser pesada carga para el padre, que diariamente la maltrataba, puso a su cuidado seis lindas cabras con sus crías y un centenar de corderos, dándole por su trabajo vestidos y cotidiano alimento.
Bien pudiera callar estos insignificantes detalles, y decirte únicamente que desde aquel día fue ella casi el único ser con quien hube de comunicarme en estas umbrías; pero hallo cierto placer, desde que ha muerto, en recordar cuanto toca a su brevísima historia, ya que el olvido es la manera más dura con que podemos castigar a nuestros enemigos desde que han dejado de existir.