El Primer loco
El Primer loco —Noble es tal conducta, dijo Pedro con algo de ironÃa; tanto más si te remuerde algo la conciencia por lo que toca a la bella pastorcilla. ¡Apuesto a que al cabo la enamoraste! Un pecadillo más que el Señor no dejará de perdonarte y que yo encuentro de buen gusto, si asà te fue fácil ser infiel a Berenice.
—¿Y qué es ser infiel? ¡Encuentro tan ambigua esa frase! No enamoré yo a Esmeralda; ella fue la que, como las flores deben enamorarse del sol, se prendó de mà hasta el punto de que, a pesar de mi constante preocupación, pude apercibirme bien pronto del extremo con que me amaba la pobre niña.
—Y tú ¿habrás sido capaz de permanecer insensible a tales encantos y leal a los dioses enemigos?
—Si en mi inmortal pasión por Berenice hubiese posibilidad de mudanza, sólo Esmeralda, delicada y dulce como la resignación, podrÃa sustituirla en mi alma herida por incurable dolor; pero esto era imposible... Tú verás cómo lo era.