El Primer loco
El Primer loco Después oí el eco sordo y acompasado y amarguísimo de la tierra que caía sobre la caja, y huí refugiándome en casa del cura, de cuyos labios supe al cabo de qué manera rápida y violenta la muerte se había llevado a la hermosa niña. Todo lo que el buen sacerdote me dijo fue bien poca cosa, pues yo sabía más, yo tenía la llave de los secretos dolorosos. Según él, habiendo cambiado de repente el carácter de Esmeralda, pasaba ésta el día y aun la noche escondida en el rincón más oscuro de su choza, sin comer apenas, llorando sin cesar y resistiéndose a salir al campo con el rebaño, así como a hacer las labores domésticas con que en otro tiempo ayudaba a su madrastra. Provocó de este modo el enojo de su padre, quien después de golpearla, pocas mañanas hacía, de la manera más brutal, concluyó por arrojarla a la calle como un mueble inútil. Quebrantada, abatida, llena de aflicción, tendióse la infeliz como quien nada espera ni nada teme al pie del muro de un brañal cercano, y mientras la humedad penetraba en su cuerpo y la herían los rayos del sol, permaneció inmóvil y como muerta hasta que al caer de la tarde unas buenas mujeres hubieron de llevarla de nuevo calenturienta y sin sentido a su casa.