El Primer loco
El Primer loco —Aquà la tiene —dijeron al padre, indignadas—, cúrela y no la deseche, ¡pobrecita! Ella es linda como una estrella. ¿Qué sabe usted si alguna envidia se la tiene as� ¡No hubiera pasado esto si viviese su madre!
Semejantes recriminaciones y consejos no hubieran hecho más que agravar la situación de Esmeralda a haber aquélla vivido; mas ningún daño pudieron causarle con su buena voluntad aquellas sencillas mujeres, porque la tristeza que la consumÃa, unida al tratamiento brutal de su padre y la enfermedad que la devoraba, la condujo en breves dÃas al sepulcro.
Calló Luis largo rato, si bien parecÃa seguir una Ãntima conversación consigo mismo, mientras Pedro, como si se hallase bajo la influencia de una fuerza misteriosa, luchaba en vano para no dejarse arrastrar por aquellas corrientes supersticiosas en que su amigo, sin pretenderlo, le llevaba envuelto.
—No; esto no es mentira en absoluto —se decÃa—, sintiendo que un sudor glacial inundaba su cuerpo. ¡Hay aquà algo de verdadero que me hace temer y creer en cosas que antes no creÃa...!