Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Al penetrarles la languidez, un perezoso sopor les cubre los ojos. Se cambia en suave tranquilidad la rabiosa locura de su espíritu. Pero, cuando el Sol de rostro de oro iluminó con sus ojos brillantes el blanco cielo, las duras tierras, el fiero mar y 40 empujó las sombras de la noche con sus frescos corceles de cascos resonantes, entonces el Sueño, huyendo deprisa, despertó al excitado Atis; lo recogió en su seno palpitante la diosa Pasitea[163]. Así, tras el suave descanso y en cuanto se disipó su impetuoso furor, la propia Atis dio vueltas en su pensamiento a 45 sus acciones, con claridad vio sin qué cosas se encontraba y dónde estaba y con su espíritu agitado encaminó de nuevo sus pasos a la costa. Allí, viendo el ancho mar con ojos anegados en llanto, habló así a su patria con voz lastimera y digna de compasión: