Poemas & Elegias

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Pues cuentan que, un día, forzada por cruel peste a pagar la culpa del asesinato de Androgeo[173], Cecropia acostumbraba a entregar a jóvenes escogidos a la par que lo más honroso de sus doncellas, de banquete para Minotauro. Mientras sus estrechos 80 muros eran vejados por estas desgracias, Teseo en persona deseó entregar su propio cuerpo por su querida Atenas antes de que tales cadáveres vivientes de Cecropia fuesen transportados a Creta. Y así, navegando en ligera nave y con suaves brisas, 85 llegó ante el soberbio palacio del magnánimo Minos. En cuanto con sensual mirada lo vio la princesa a la que un casto lecho que exhalaba suaves perfumes todavía criaba en el blando regazo de su madre, como los mirtos que ciñen la corriente del Eurotas[174] o la brisa primaveral que hace brotar variados colo90 res, no apartó de él sus ardientes ojos, hasta que concibió desde sus entrañas por todo su cuerpo una llama y en sus profundas médulas ardió entera. Ay, niño divino, que desdichadamente provocas locos amores con tu cruel corazón y mezclas en los 95 hombres gozos y cuidados y tú, la que gobiernas Golgos[175] y el frondoso Idalio, ¡en medio de qué oleaje habéis arrojado a una niña, puro fuego en su corazón, y que suspira sin cesar por su rubio huésped! ¡Cuántos miedos soportó ella con corazón des100 fallecido! ¡Cuánto más que el oro amarillento quedó pálida en repetidas ocasiones, mientras Teseo, deseoso de enfrentarse con el monstruo cruel, buscaba o la muerte o el premio de la gloria! Con todo, sin prometer ofrendas desagradables a los dioses, que podían resultar vanas, formuló sus votos con silen105 cioso labio, pues, como a la encina que agita sus ramas en la cumbre del Tauro[176] o al pino piñonero de corteza resinosa un indomable huracán con sus soplos de viento retorciendo sus troncos los arranca (él, sacado de raíz, lejos cae abatido, por 110 doquier rompiendo todo lo que encuentra a su paso), así Teseo, después de domar el cuerpo del monstruo, le hizo hincar sus rodillas, embistiendo en vano con sus cuernos a los vientos sin resistencia. Luego se retiró a salvo con gran gloria guiando sus 115 pasos errantes con fino hilo, no fuera que el difícil trazado del palacio le burlase al salir del complicado laberinto.


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