Poemas & Elegias
Poemas & Elegias 50 Esta colcha bordada con figuras de hombres de otro tiempo explica las hazañas de los héroes con arte admirable. En efecto, observando en la costa resonante de Día[170], ve a Teseo alejarse con su flota veloz Ariadna con indomables explosiones 55 de cólera en su corazón, todavía, incluso no se cree que ve lo que está viendo, puesto que ella, despierta apenas entonces de un sueño engañoso, se contempla digna de lástima, abandonada en una playa solitaria. Por otra parte, el joven desmemoriado golpea en su huida las aguas con los remos, dejando unas 60 promesas para disiparse en los vientos de la tormenta. La de Minos lo ve desde las algas de la playa, a lo lejos, con sus ojitos tristes, como la estatua de piedra de una bacante, ay, lo ve, y se agita en medio de las grandes olas de sus afanes, no sujeta en su rubia cabellera la cofia de fino tejido, ni protege su pe65 cho con el ligero velo que lo cubre, ni somete sus tetillas en leche a la delicada faja, con toda la ropa que se le había caído por todo el cuerpo sin ningún orden delante de sus propios pies las saladas olas jugueteaban. Pero ella, sin cuidarse entonces ni de la cofia, ni del velo que revolotea, estaba pendiente de ti, 70 Teseo, perdida con todo su corazón, con toda su alma, con todo su pensamiento. Ay, desdichada, a quien con repetidos ataques abatió Ericina[171], sembrando en su pecho las espinas del amor, en aquella época, desde el momento en que el arrogante Teseo, después de haber salido de las curvadas costas del Píreo, tocó los templos de Gortina[172], los territorios de un rey 75 injusto.