Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Tras su marcha, el primero, desde la cima del Pelión llegó 280 Quirón[183] con regalos silvestres, pues cuantas flores crían los campos, las que la región de Tesalia produce en sus enormes montañas, las que engendra, a causa de las aguas de su río, la brisa fecunda del tibio Favonio, todas ellas las llevó él personalmente entrelazadas en guirnaldas sin artificio, con cuyo fra285 gante olor la casa acariciada sonrió. Al punto Peneo[184] se presenta, dejando el verde valle del Tempe, el Tempe que ciñen bosques que se deslizan desde las alturas, para que <las ninfas del Peneo[185]> lo celebren con sus danzas [dorias[186]], no de vacío, 290 pues él regaló las cepas de unas altas hayas y elevados laureles de recto tronco no sin el plátano vacilante y la flexible hermana[187] de Faetonte, envuelto en llamas, y el altivo ciprés. En torno al palacio todos estos árboles entrelazados en una amplia extensión de terreno los colocó, para que su entrada cubierta de suave fronda resplandeciera de verdor. Después de éste le sigue Prometeo[188] de hábil ingenio, con las huellas curadas de 295 su antiguo castigo, el que un día pagó, encadenados sus miembros a una roca, colgando de un abrupto precipicio. A continuación el padre de los dioses con su sagrada esposa y con sus hijos llegó, dejándote en el cielo a ti solo, Febo, junto a tu ge300 mela, habitante de las montañas del Idro[189]. Pues tu hermana y tú despreciásteis a Peleo y no quisisteis honrar las antorchas conyugales de Tetis.