Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Mi lucero, en nada o en poco digna de ser pospuesta a LaodamÃa, entonces, se arrojó a mis brazos; saltando en torno a ella de un lado para otro Cupido, brillaba radiante con su túnica de azafrán. Sin embargo, aunque ella no esté contenta con 135 Catulo solo, sufriré los escasos deslices de mi tÃmida dueña, para no ser celoso en exceso como los tontos. Muchas veces también Juno, la más grande de los habitantes del cielo, consumió su ardiente ira ante la traición de su marido, conociendo 140 los numerosos amorÃos del caprichoso Júpiter. Sin embargo, no es justo que los hombres se comparen con los dioses*** Quita el ingrato peso de un padre tembloroso[226]. Con todo, ella no vino guiada por la diestra paterna a mi casa, que olÃa a perfume asirio, sino que en noche maravillosa, a escondidas, me entre145 gó sus favores arrancados del regazo de su propio marido. Por ello, me basta si se me otorga a mà solo el dÃa que ella señala con la más blanca piedra[227].