Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Puede él conducir ante sí vencidos escuadrones de cilicios[330] y plantar sus cuarteles marciales en terreno conquistado, revestido entero de plata y oro, cabalgar en veloz caballo, para ha70 cerse admirar; yo mismo, si pudiera, Delia mía, contigo uncir los bueyes y apacentar el ganado en el monte habitual y, mientras sea posible, estrecharte con mis afectuosos brazos, dulce me sería el sueño sobre tierra sin cuido. ¿De qué aprovecha 75 descansar en lecho de púrpura sin amor correspondido, cuando llega la noche, en vela por el llanto? Entonces ni plumas, ni colcha bordada, ni el murmullo de un agua tranquila podrían atraer el sueño. ¿Es que he profanado de palabra la divinidad de la poderosa Venus y paga el castigo mi lengua impía? ¿Es 80 que se me acusa de haber penetrado, como un sacrílego, en las moradas de los dioses y de haber robado guirnaldas de los altares sagrados? Si lo merezco, yo no vacilaré en postrarme en los templos y cubrir de besos los sagrados umbrales; ni tampoco 85 en arrastrarme suplicante de rodillas por el suelo ni en golpear mi desdichada cabeza contra la puerta sacrosanta. Pero tú, que te ríes alegre de mis sufrimientos, guárdate en lo sucesivo: no siempre contra uno solo se va a ensañar el dios. Yo conocí a uno, que se burlaba de los desgraciados amores de unos jóvenes, someter después su cuello a las cadenas de Venus, anciano 90 ya. Y, con voz temblorosa, se preparaba a piropear y con sus manos pretendía disimular sus canas, no se avergonzó de plantarse delante de la puerta de la joven que quería, ni de parar en medio del foro a su esclava. A él los niños, a él los jóvenes en 95 estrecho círculo lo rodean y le escupen todos en los flexibles pliegues de su ropa. Pero a mí, Venus, perdóname; siempre consagrado a ti te sirvió mi pensamiento. ¿Por qué quemas, cruel, unas mieses que son tuyas?