Poemas & Elegias
Poemas & Elegias «Diligente Eneas, hermano de Amor[414], inquieto en tu vuelo, que en fugitivas naves transportas los objetos del culto tro40 yano, ya te señala Júpiter los campos de Laurente[415], ya llama la tierra hospitalaria a tus errantes Lares. Allí serás sagrado, cuando el agua venerable del Numicio[416] te haya enviado al cielo como dios indígena. He aquí que sobre tus quebrantadas naves revolotea Victoria, al fin llega en ayuda de los troyanos la 45 diosa soberbia. He aquí que veo brillar en el campamento rútulo las llamas: ya te anuncio, bárbaro Turno[417], la muerte. Delante de mis ojos se alzan el campamento de Laurente y la mura50 lla de Lavinio[418], y Alba Longa, fundada bajo la dirección de Ascanio. Ya veo también que tú, Ilia[419], sacerdotisa destinada a complacer a Marte, has abandonado el fuego de Vesta; tus furtivos amoríos, tus cintas por los suelos, y, dejadas en la orilla, 55 las armas del dios apasionado. Comed, ahora, novillos, la hierba de las siete colinas, mientras es posible. Aquí en seguida se construirá una gran ciudad. Roma, tu nombre consagrado por el destino para gobernar las tierras por donde, desde el cielo, contempla sus campos Ceres, por donde se extiende Oriente y 60 por donde el río[420] de ondulantes aguas baña los caballos jadeantes del Sol. Entonces Troya se admirará y dirá que vosotros habéis mirado por su gloria con un viaje tan largo. Canto la verdad. Que pueda alimentarme siempre, sin daño, del laurel 65 sagrado y séame eterna la virginidad». Esto predijo la sacerdotisa y te invocó, Febo, en su ayuda y echó sus cabellos en desorden delante de su rostro.