Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —Tú debes, Sancho —dijo don Quijote—, errar en el sobrenombre de ese Cidi, que en arábigo quiere decir señor.
—Bien podrÃa ser —replicó Sancho—, mas si vuestra merced gusta que yo le haga venir aquÃ, iré por el bachiller en volandas.
—Harasme mucho placer —respondió don Quijote.
Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo. TendrÃa hasta veinticuatro años, carirredondo y de nariz chata, señales éstas de ser de condición maliciosa y amigo de burlas, como lo demostró.
—¿Verdad es que hay historia mÃa? —preguntó don Quijote.
—Y mÃa —dijo Sancho—. Pues también dicen que soy yo uno de los principales personajes de ella.
—Es tan verdad, señor —dijo Sansón—, como en el dÃa de hoy están impresos más de doce mil libros de tal historia. Si no, dÃgalo Portugal, Barcelona y Valencia. Dicen que se está traduciendo en Amberes, y pienso que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzca. Los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran, que apenas han visto a un rocÃn flaco, cuando dicen: «Allà va Rocinante».