Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha Hay quien afirma que la mentalidad del autor del Lazarillo y la de Cervantes tuvo que ser producto de la reacción de los castellanos «nuevos» frente al concepto heroico de la realidad que tenían los castellanos «viejos». Viejos y nuevos en sentido histórico y geográfico (la reacción más realista y abierta de los nuevos pobladores de Castilla la Nueva frente al aristocratismo de los habitantes de Castilla la Vieja y del reino de León), pero acaso también en un sentido religioso, entendiéndose entonces por «castellanos nuevos» a los «cristianos nuevos», es decir, a los conversos, sobre todo del judaísmo, a raíz de la persecución legal contra las minorías étnicas y religiosas que instauraron los Reyes Católicos.
Otros autores observan que El Quijote ha sido la piedra fundacional y angular de la tradición realista, tan característica de la novela española hasta nuestros días. Y no falta quien observe que, a causa de su propia genialidad, El Quijote ha podido pesar como una losa en la novela posterior, coartando la libertad e imaginación de los escritores españoles posteriores (cuando El Quijote es una novela tan osada e imaginativa).
En fin, que los cervantistas han llenado miles y miles de páginas con sus comentarios a esta gran novela, y las seguirán llenando, porque una obra de excepción permite que cada lector le dé su personal y característica lectura.