Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —Decidme, buen escudero —preguntó la duquesa, cuyo tÃtulo aún no se sabe—, ese señor vuestro, ¿no es uno de quien anda impresa una historia que se llama del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha?
—El mismo es, señora —respondió Sancho—. Y aquel escudero suyo a quien llaman Sancho Panza, soy yo.
—Pues id, hermano Panza, y decid a vuestro señor que sea bien venido a mis estados, y que ninguna cosa pudiera venir que más contento me diera.
Después se encaminaron todos al castillo de los duques, pero cuenta la historia que, antes que llegasen, se adelantó el duque y dio orden a todos sus criados del modo en que habÃan de tratar a don Quijote.
Y asÃ, al entrar en el gran patio del castillo, en un instante se llenaron todos sus corredores de criados y criadas, que decÃan a grandes voces:
—¡Bienvenido sea, bienvenido sea la flor y nata de los caballeros andantes!
Y aquel fue el primer dÃa en que don Quijote creyó ser caballero andante verdadero, y no fantástico, viéndose tratar del mismo modo que él habÃa leÃdo se trataba a los tales caballeros en los pasados siglos.
