Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha Llegose la hora de cenar y recogiéronse a su estancia, cuando parece ser que en otro aposento, contiguo al de don Quijote, pues no lo dividÃa más que un sutil tabique, oyó decir don Quijote:
—Señor don Jerónimo, en tanto el ventero nos trae la cena, leamos otro capÃtulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.
—¿Para qué quiere vuestra merced que leamos estos disparates? —respondió el tal don Jerónimo—. Lo que a mà más me desplace en este libro es que pinta a don Quijote ya desenamorado de su señora Dulcinea del Toboso.
Oyendo lo cual don Quijote, lleno de ira y de despecho, alzó la voz y dijo:
—A quienquiera que dijese que don Quijote de la Mancha ha olvidado, o puede olvidar, a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con mis armas que va muy lejos de la verdad.
—¿Quién es el que nos responde? —exclamaron desde el otro aposento.
—¿Quién ha de ser —dijo Sancho—, sino el mismo don Quijote de la Mancha?
Entraron entonces en el aposento dos caballeros, y uno de ellos echó los brazos al cuello de don Quijote y le dijo: