Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha Como las cosas humanas no son eternas, especialmente las vidas de los hombres, llegó a su fin y acabamiento la de don Quijote cuando él menos lo pensaba, porque, ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido, o por la disposición del cielo, se le arraigó una calentura, que le tuvo seis días en la cama.
Llamaron sus amigos al médico, tomole el pulso y no le contentó mucho, y dijo que, por sí o por no, atendiese a la salud de su alma, porque la del cuerpo corría peligro. Rogó don Quijote que le dejasen solo, porque quería dormir un poco.
Durmió de un tirón, como dicen, más de seis horas. Despertó al cabo, y dando una gran voz, dijo:
—¡Bendito sea el poderoso Dios que tanto bien me ha hecho!
—¿Qué es lo que vuestra merced dice? —preguntole la sobrina.
—Digo que yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras que en él me pusieron los detestables libros de caballerías. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte. Llámame, amiga, a mis buenos amigos, que quiero confesarme y hacer mi testamento.
Llegaron todos, y al punto quedose solo con él el cura, y confesole. Acabose la confesión, y salió el cura, diciendo:
—Verdaderamente se muere, y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno.