Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —Eso digo yo también —dijo el cura—, y a fe que no se pasará el dÃa sin que sean condenados al fuego.
Llegó entonces el labrador con grandes voces y todos salieron. Llevaron a don Quijote a la cama y le hicieron mil preguntas, y a ninguna quiso responder otra cosa sino que le diesen de comer y le dejasen dormir, que es lo que más le importaba.
Luego entraron todos en el aposento donde estaban los libros autores del daño, para llevarlos al corral y hacer una hoguera. Mas el cura quiso leer antes los tÃtulos, y el primero que le dio en las manos fue el AmadÃs de Gaula, y dijo:
—Parece cosa de misterio ésta, porque, según he oÃdo decir, este libro fue el primero de caballerÃas que se imprimió en España. Lo debemos, sin excusa alguna, condenar al fuego.
—No, señor —dijo el barbero—, que también he oÃdo decir que es el mejor de todos, y asÃ, como único en su arte, se le debe perdonar. En cambio, todos los de ese lado, a lo que creo, son del linaje de AmadÃs.
—Pues si es asà —dijo el ama—, al corral con ellos.