Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha Diéronselos, que eran muchos, y ella, por ahorrar escalera, los tiró por la ventana abajo. Luego, al tomar otros muchos juntos, se le cayó uno a los pies del barbero, quien quiso ver cuál era y vio que decÃa: Historia del famoso caballero Tirante el Blanco.
—¡Válgame Dios! —dijo el cura dando una gran voz—. ¡Que aquà está Tirante el Blanco! Dádmelo acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro. En verdad os digo que, por su estilo, es éste el mejor libro del mundo: aquà comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, cosas éstas de las que todos los demás libros de este género carecen. Pero, ¿qué libro es ese que está junto a él?
—La Galatea, de Miguel de Cervantes —dijo el barbero.
—Muchos años ha que es grande amigo mÃo ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención, propone algo y no concluye nada: es menester esperar la segunda parte que se anuncia, y, entre tanto, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.
—Que me place —respondió el barbero.