Don Quijote de la Mancha

Don Quijote de la Mancha

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Aprieta un poco las cinchas a Rocinante, y quédate con Dios y espérame aquí hasta tres días no más, en los cuales, si no volviere, puedes tú volverte a nuestra aldea.

Pero Sancho, haciendo que apretaba las cinchas al caballo, ató con el cabestro de su asno ambos pies a Rocinante, de modo que, cuando don Quijote quiso partir, no pudo.

—Pues así, Sancho, que Rocinante no puede moverse, yo estoy contento a esperar a que ría el alba, aunque yo llore lo que tardare en llegar.

En esto, parece ser, o que el frío de la mañana, o que fuese cosa natural —que es lo que más se debe creer—, a Sancho le vino voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él, mas era tanto su miedo, que no osaba apartarse un paso de su amo. Y así lo que hizo fue soltarse los calzones con la mano derecha; alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire ambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto, le pareció que no podía aliviarse sin hacer estrépito y ruido, y fue tan desdichado que, al cabo, vino a hacer un ruido bien diferente de aquel que le daba tanto miedo. Oyole don Quijote, y dijo:

—¿Qué rumor es ése, Sancho?

—Alguna cosa nueva debe de ser —respondió él—, que las aventuras nunca comienzan por poco.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker