Don Quijote de la Mancha

Don Quijote de la Mancha

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—Digo que en todo tiene vuestra merced razón —respondió Sancho—, y que yo soy un asno. Mas no sé yo para qué nombro asno en mi boca, pues no se ha de nombrar la soga en casa del ahorcado. Pero venga la carta, y ya me voy.

Don Quijote, apartándose, con mucho sosiego empezó a escribir la carta, con otra para su sobrina ordenándole la entrega de tres asnos o pollinos a Sancho, en pago a su servicio. Y, en acabándola, llamó a Sancho y le dijo que se la quería leer.

—Escucha, que así dice —dijo don Quijote:

Soberana y alta señora:

El ferido de ausencia y el llagado del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu causa quedo. Si gustares de socorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.

Tuyo hasta la muerte.

EL CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA

—Por vida de mi padre —dijo Sancho—, que es la cosa más alta que jamás he oído. Escriba ahora vuestra merced la orden de pago de los tres pollinos y fírmela con mucha claridad, porque la conozcan en viéndola.


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