Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —Yo vos lo otorgo y concedo —respondió don Quijote—, puesto que se ha de cumplir sin daño o mengua de mi rey, de mi patria y de aquella que de mi corazón y libertad tiene la llave.
La menesterosa doncella pugnó con mucha porfÃa por besarle las manos, mas don Quijote, que en todo era comedido y cortés caballero, jamás lo consintió; antes la hizo levantar y la abrazó con mucha cortesÃa y comedimiento.
Pusiéronse en camino, unos a caballo y otros a pie, y dijo don Quijote a la princesa:
—Vuestra grandeza, señora mÃa, guÃe por donde más gusto le diere.
—Hacia el reino de Micomicón es mi camino —respondió ella.
—Si es asà —dijo el cura—, por mitad de mi pueblo hemos de pasar, y de allà podrá vuestra merced dirigirse a Cartagena, donde podrá embarcar con la buena ventura.