El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha En la cual también alojaba un arriero, que tenÃa su cama hecha un poco más allá de la de nuestro don Quijote. Y, aunque era de las enjalmas y mantas de sus machos, hacÃa mucha ventaja a la de don Quijote, que sólo contenÃa cuatro mal lisas tablas, sobre dos no muy iguales bancos, y un colchón que en lo sutil parecÃa colcha, lleno de bodoques, que, a no mostrar que eran de lana por algunas roturas, al tiento, en la dureza, semejaban de guijarro, y dos sábanas hechas de cuero de adarga, y una frazada, cuyos hilos, si se quisieran contar, no se perdiera uno solo de la cuenta.
En esta maldita cama se acostó don Quijote, y luego la ventera y su hija le emplastaron de arriba abajo, alumbrándoles Maritornes, que asà se llamaba la asturiana; y, como al bizmalle viese la ventera tan acardenalado a partes a don Quijote, dijo que aquello más parecÃan golpes que caÃda.
-No fueron golpes -dijo Sancho-, sino que la peña tenÃa muchos picos y tropezones.
Y que cada uno habÃa hecho su cardenal. Y también le dijo:
-Haga vuestra merced, señora, de manera que queden algunas estopas, que no faltará quien las haya menester; que también me duelen a mà un poco los lomos.
-Desa manera -respondió la ventera-, también debistes vos de caer.