Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —Óyeme otra vez, señora mÃa, y no te cansen mis razones, que las que me bullen en el alma no dejan sosegar la lengua. Reventaré si no las digo, y este temor, a pesar de mi crédito, hará que sepas que muero por tu hermano, cuyas virtudes, de mà conocidas, llevaron tras sà mis enamorados deseos; y, sin entremeterme en saber quién son sus padres, la patria o riquezas, ni el punto en que le ha levantado la fortuna, solamente atiendo a la mano liberal con que la naturaleza le ha enriquecido. Por sà solo le quiero, por sà solo le amo, y por sà solo le adoro; y por ti sola, y por quien eres, te suplico que, sin decir mal de mis precipitados pensamientos, me hagas el bien que pudieres. Innumerables riquezas me dejó mi madre en su muerte, sin sabidurÃa de mi padre; hija soy de un rey que, puesto que sea por elección, en fin, es rey; la edad, ya la ves; la hermosura no se te encubre que, tal cual es, ya que no merezca ser estimada, no merece ser aborrecida. Dame, señora, a tu hermano por esposo; daréte yo a mà misma por hermana, repartiré contigo mis riquezas, procuraré darte esposo, que después, y aun antes de los dÃas de mi padre, le elijan por rey los de este reino; y, cuando esto no pueda ser, mis tesoros podrán comprar otros reinos.