Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

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Capítulo cuarto del segundo libro

Donde se prosigue la historia y amores de Sinforosa

TENTA estaba la enamorada Sinforosa a las discretas razones de Auristela, y, no respondiendo a ellas, sino volviendo a anudar las del pasado razonamiento, le dijo:

—Mira, amiga y señora, hasta dónde llegó el amor que engendró en mi pecho el valor que conocí en tu hermano, que hice que un capitán de la guarda de mi padre le fuese a buscar y le trajese por fuerza o de grado a mi presencia, y el navío en que se embarcó es el mismo en que tú llegaste, porque en él, entre los muertos, le han hallado sin vida.

—Así debe de ser —respondió Auristela—, que él me contó gran parte de lo que tú me has dicho, de modo que ya yo tenía noticia, aunque algo confusa, de tus pensamientos, los cuales, si es posible, quiero que sosiegues hasta que se los descubras a mi hermano, o hasta que yo tome a cargo tu remedio, que será luego que me descubras lo que con él te hubiere sucedido; que ni a ti te faltará lugar para hablarle, ni a mí tampoco.

De nuevo volvió Sinforosa a agradecer a Auristela su ofrecimiento y de nuevo volvió Auristela a tenerla lástima.


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