Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —Bien creo eso —respondió Auristela—, pero, ¿es posible que él no ha dado muestras de quererte? Sà habrá, porque no le tengo por tan de piedra que no le enternezca y ablande una belleza tal como la tuya; y asÃ, soy de parecer que, antes que yo rompa esta dificultad, procures tú hablarle, dándole ocasión para ello con algún honesto favor; que tal vez los impensados favores despiertan y encienden los más tibios y descuidados pechos; que si una vez él responde a tu deseo, seráme fácil a mà hacerle que de todo en todo le satisfaga. Todos los principios, amiga, son dificultosos, y en los de amor dificultosÃsimos; no te aconsejo yo que te deshonestes ni te precipites; que los favores que hacen las doncellas a los que aman, por castos que sean, no lo parecen, y no se ha de aventurar la honra por el gusto; pero, con todo esto, puede mucho la discreción, y el amor, sutil maestro de encaminar los pensamientos, a los más turbados ofrece lugar y coyuntura de mostrarlos sin menoscabo de su crédito.