Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Los trabajos de Persiles y Sigismunda

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No la quiso tomar Policarpo en la que este consejo le ofrecía, diciendo a la Cenotia que era agraviar la autoridad del príncipe Arnaldo, que debajo de su amparo le traía, y enfadar a su querida Auristela, que como a su hermano le trataba; y más, que aquel delito fue accidental y forzoso, y nacido más de desgracia que de malicia; y más, que no tenía parte que le pidiese, y que todos cuantos le conocían afirmaban que aquella pena era condigna de su culpa, por ser el mayor maldiciente que se conocía.

—¿Cómo es esto, señor —replicó la Cenotia—, que, habiendo quedado el otro día entre nosotros de acuerdo de prenderle, con cuya ocasión la tomases de detener a Auristela, agora estás tan lejos de tomarle? Ellos se te irán, ella no volverá, tú llorarás entonces tu perplejidad y tu mal discurso, a tiempo cuando ni te aprovechen las lágrimas, ni enmendar en la imaginación lo que ahora con nombre de piadoso quieres hacer. Las culpas que comete el enamorado en razón de cumplir su deseo no lo son, en razón de que no es suyo, ni es él el que las comete, sino el amor, que manda su voluntad. Rey eres, y de los reyes las injusticias y rigores son bautizadas con nombre de severidad. Si prendes a este mozo, darás lugar a la justicia; y soltándole, a la misericordia; y en lo uno y en lo otro confirmarás el nombre que tienes de bueno.


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