Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda »Yo, que de mi nave la estaba mirando, por verla mejor, pasé a su navío, a tiempo cuando ella estaba diciendo: "Bien creo, ¡oh soldados!, que os pone más admiración que miedo este pequeño escuadrón de mujeres que a la vista se os ofrece, el cual, después de la venganza que hemos tomado de nuestros agravios, no hay cosa que pueda engendrar en nosotras temor alguno. Embestid, si venís sedientos de sangre, y derramad la nuestra quitándonos las vidas; que, como no nos quitéis las honras, las daremos por bien empleadas. Sulpicia es mi nombre, sobrina soy de Cratilo, rey de Bituania; casóme mi tío con el gran Lampidio, tan famoso por linaje como rico de los bienes de naturaleza y de los de la fortuna. Íbamos los dos a ver al rey mi tío, con la seguridad que nos podía ofrecer ir entre nuestros vasallos y criados, todos obligados por las buenas obras que siempre les hicimos; pero la hermosura y el vino, que suelen trastornar los más vivos entendimientos, les borró las obligaciones de la memoria, y en su lugar les puso los gustos de la lascivia. Anoche bebieron de modo que les sepultó en profundo sueño, y algunos medio dormidos acudieron a poner las manos en mi esposo, y, quitándole la vida, dieron principio a su abominable intento. Pero, como es cosa natural defender cada uno su vida, nosotras, por morir vengadas siquiera, nos pusimos en defensa, aprovechándonos del poco tiento y borrachez con que nos acometían, y con algunas armas que les quitamos, y con cuatro criados que, libres del humo de Baco, nos acudieron, hicimos en ellos lo que muestran esos muertos que están sobre esa cubierta; y, pasando adelante con nuestra venganza, habemos hecho que esos árboles y esas entenas produzcan el fruto que de ellas veis pendiente: cuarenta son los ahorcados, y si fueran cuarenta mil, también murieran, porque su poca o ninguna defensa, y nuestra cólera, a toda esta crueldad, si por ventura lo es, se estendía. Riqueza traigo que poder repartir, aunque mejor diría que vosotros podáis tomar; solo puedo añadir que os las entregaré de buena gana. Tomadlas, señores, y no toquéis en nuestras honras, pues con ellas antes quedaréis infames que ricos".