Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda »Yo fui de parecer contrario, y, quizá por tenerle bueno, en esto nos socorrió el cielo, como después diré; aunque primero quiero deciros que este navÃo era el de los cosarios que habÃan robado a mi hermana y a las dos recién desposadas pescadoras. Apenas le hube reconocido, cuando dije a voces: "¿Adónde tenéis, ladrones, nuestras almas? ¿Adónde están las vidas que nos robastes? ¿Qué habéis hecho de mi hermana Auristela y de las dos, Selviana y Leoncia, partes mitades de los corazones de mis buenos amigos Carino y Solercio?" A lo que uno me respondió: "Esas mujeres pescadoras que dices las vendió nuestro capitán, que ya es muerto, a Arnaldo, prÃncipe de Dinamarca".»
—Asà es la verdad —dijo a esta sazón Arnaldo—, que yo compré a Auristela y a Cloelia, su ama, y a otras dos hermosÃsimas doncellas, de unos piratas que me las vendieron, y no por el precio que ellas merecÃan.
—¡Válame Dios —dijo Rutilio en esto—, y por qué rodeos y con qué eslabones se viene a enga[r]zar la peregrina historia tuya, oh Periandro!
—Por lo que debes al deseo que todos tenemos de servirte —añadió Sinforosa—, que abrevies tu cuento, ¡oh historiador tan verdadero como gustoso!
—Sà haré —respondió Periandro—, si es posible que grandes cosas en breves términos puedan encerrarse.