Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Con todo eso, habiendo puesto primero, cerca y lejos del rebaño, de trecho en trecho, centinelas que avisasen si alguna gente venía, la sacaron del árbol para que le diese el aire, y para saber della lo que deseaban; y con la luz del día vieron que la de su rostro era admirable, de modo que puso en duda a cuál darían, della y de Constanza, después de Auristela, el segundo lugar de hermosa; porque dondequiera se llevó el primero Auristela, a quien no quiso dar igual la naturaleza.
Muchas preguntas le hicieron y muchos ruegos precedieron antes, todos encaminados a que su suceso les contase, y ella, de puro cortés y agradecida, pidiendo licencia a su flaqueza, con aliento debilitado así comenzó a decir: