Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda —¡Bendito sea Dios —dijo el bárbaro en la misma lengua castellana— que nos ha traÃdo a este lugar, que, aunque en él se puede temer algún peligro, no será de muerte!
En esto, vieron que hacia ellos venÃa corriendo una gran luz, bien asà como cometa, o por mejor decir exhalación que por el aire camina. Esperáranla con temor, si el bárbaro no dijera:
—Este es mi padre, que viene a recebirme.
Periandro, que aunque no muy despiertamente sabÃa hablar la lengua castellana, le dijo:
—El cielo te pague, ¡oh ángel humano!, o quienquiera que seas, el bien que nos has hecho, que, aunque no sea otro que el dilatar nuestra muerte, lo tenemos por singular beneficio.
Llegó en esto la luz, que la traÃa uno, al parecer bárbaro, cuyo aspecto la edad de poco más de cincuenta años le señalaba. Llegando, puso la luz en tierra, que era un grueso palo de tea, y a brazos abiertos se fue a su hijo, a quien preguntó en castellano que qué le habÃa sucedido, que con tal compañÃa volvÃa.